El liderazgo mediocre
El actual escenario político español, con gobierno, oposición y resto de partidos como actores, nos invita a una reflexión sobre el liderazgo que no está a la altura de las circunstancias ni del puesto. Tanto en el mundo de las organizaciones como en el de la política podríamos denominarlo liderazgo mediocre. Éstas son algunas de sus características:
1. Errores ajenos más que capacidades logros propios. Además de por sus propios méritos, el líder del Gobierno y el de la Oposición alcanzaron el puesto también por incompetencias ajenas y designaciones a dedo. Ambos hacen verdadera esa frase irónica de que en política, las elecciones no se ganan: se pierden. Algo parecido ocurre en las organizaciones, donde un liderazgo mediocre brota por designación unilateral o por vacío de poder y ausencia de mejores opciones.
2. Discrepancia entre palabras y hechos: dudosa credibilidad. En el poder, la disciplina de voto cierra filas y parece hacer milagros. En la oposición, surgen políticas a niveles medios cuando el capitán de la nave vacila. Parte de la tripulación se amotina y los peones se transforman en caballos, alfiles y reinas. Ambos líderes necesitan generar credibilidad, esperanza, confianza y resultados, que no se logran sólo con palabras. En vez de manejar y gestionar los eventos, parecen ser éstos los que les manejan a ellos.
3. Posturas ambiguas y frases convencionales ante situaciones que exigen respuestas claras y concretas. Está relacionado con lo anterior. Ante sus dilemas o conflictos entre pensamiento y acción, entre toma de decisiones, aceptación y puesta en marcha de las mismas, el líder incapaz no puede evitar transmitir mensajes de ambigüedad y ambivalencia al intentar llevar adelante su cometido.
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